miércoles, 28 de enero de 2015

REFLEXIÓN


El ser humano tiene y crea pocas oportunidades para sí mismo y para el resto. Y todo aquel que trabaja para el mundo debe aprovecharlas. En cambio, para el progreso del espíritu, las oportunidades de redención o de trabajo se generan a cada instante. Hazte a ti mismo la pregunta: ¿Para qué o para quién trabajas? para discernir no hay que mezclar las cosas. El error de muchos es internarse en lo espiritual para sacar provecho en el mundo. Es éste un gran error que genera confusión, y, ante la desilución, (que nunca tarda en llegar) se pierde la poca fe que se tiene.

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