Un hombre pasa a mi lado. Luego se detiene y vuelve tras sus pasos. Se coloca delante de mí y dice:
—La otra casa está por derrumbarse. Sólo un pequeño árbol viejo y sin savia la sostiene. Ahora, ven...es tiempo de que la veas caer.
El hombre me guía hasta el lugar y, serrucho en mano, comienza a cortar el árbol agonizante. Al finalizar la tarea, observo que nada sucede. La casa sigue de pie. Pero el hombre me señala la copa del árbol y hacia ese punto dirijo mi mirada. Veo a una serpiente que comienza a desenroscarse del cuerpo del ajetreado ejemplar y lo abandona. El reptil se aleja de su derrotada morada y la casa comienza a caer ladrillo por ladrillo. Antes de despedirse, el hombre dijo:
—Ésta no es la última institución que vas a ver caer. La justicia que todos piden está llegando...
—La otra casa está por derrumbarse. Sólo un pequeño árbol viejo y sin savia la sostiene. Ahora, ven...es tiempo de que la veas caer.
El hombre me guía hasta el lugar y, serrucho en mano, comienza a cortar el árbol agonizante. Al finalizar la tarea, observo que nada sucede. La casa sigue de pie. Pero el hombre me señala la copa del árbol y hacia ese punto dirijo mi mirada. Veo a una serpiente que comienza a desenroscarse del cuerpo del ajetreado ejemplar y lo abandona. El reptil se aleja de su derrotada morada y la casa comienza a caer ladrillo por ladrillo. Antes de despedirse, el hombre dijo:
—Ésta no es la última institución que vas a ver caer. La justicia que todos piden está llegando...

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