viernes, 20 de febrero de 2015

INFORME


El temor a Dios, es uno de los siete dones del Espíritu Divino. Sí, como lees: "Temer a Dios es un don que muy pocos acarician". Y no es precisamente esa clase de temor como aquel que transmite ese dios de las escrituras del viejo testamento, en el cual muchos hombres y mujeres "modernas", lo tienen como libro de cabecera. 
Temer a Dios es sintonizar con el Gran Orden. Porque debemos respetar las jerarquías espirituales y no obrar desde nuestro ego cuando participamos para intentar lograr cumplir con alguna realización espiritual, sean éstas de sanación o ayuda espiritual. Aclarando—para que no oscurezca—, tienes que saber, que tú, "no curas"...Solamente Dios y las jerarquías que tienen esa labor pueden llevar a cabo dichas realizaciones. Los mal llamados "milagros" (hablando en criollo) recuerda o entérate, de que sólo eres un eslabón más en esa Gran Cadena de Jerarquía Espiritual, y que se encarga de brindar la asistencia para los que sufren en los distintos planos. 
El ego, es una herramienta muy útil en la Tierra para aquellos que no permiten que nadie intente arrebatar, modificar o cambiar el estado ocioso o de reposo de sus pensamientos, emociones y acciones y creencias bien arraigadas de la actual o de anteriores existencias. El ego no tiene utilidad altruista en el plano espiritual ni en cualquier plano que se necesite de un cuerpo para evolucionar. Nada se realiza realmente o llega a buen puerto con la participación del llamado "yo inferior", ni en el plano físico ni en los restantes. Ahora bien, seguramente preguntas: ¿Qué es el ego realmente? es sencillo: el ego es el estado de consciencia que adquiere nuestro espíritu cuando se reviste de un cuerpo; y poco a poco se adapta o se acomoda a su nuevo hábitat. Es por eso que, cuando somos niños, estamos casi libres de ego, que se va moldeando  y afianzando con el paso de los años por la educación precaria que recibimos, y que nos transmiten nuestros padres, nuestro entorno y otras compañías; y también por la propia decisión de nuestro espíritu, que por la calidad de su esencia, elige su destino, que debería ser altruista para ir despojándose de la repetitiva condena que lo aqueja de encarnación tras encarnación. Espero que les sirva la información. Atte.: La luz del viajero.

No hay comentarios:

Publicar un comentario